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La inteligencia del sueño

  • Foto del escritor: Equipo de Psicólogos Online Argentina
    Equipo de Psicólogos Online Argentina
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura

tapa de libro. gris, el texto en vertical.

¿Por qué en una época obsesionada con la vigilia productiva, la hiperconectividad y la transparencia funcional, el ser humano experimenta un empobrecimiento tan radical de su vida nocturna? En la contemporaneidad, el sueño y el soñar han quedado reducidos con frecuencia a variables mecánicas de rendimiento: un descanso que debe medirse con dispositivos tecnológicos o un mero residuo biológico descartable. Frente a esta anestesia del pensamiento y de la sensibilidad, el psicoanálisis y la filosofía se ven convocados a interrogar el estatuto de aquello que insiste cuando la conciencia capitula.


En esta encrucijada se inscribe La inteligencia del sueño (Intelligence du rêve), de la psicoanalista y filósofa francesa Anne Dufourmantelle (1964–2017), una obra que rescata al sueño de las categorías meramente explicativas para devolverle su estatuto de acontecimiento, misterio y apertura creadora.



Anne Dufourmantelle: Pensar el riesgo, la dulzura y la hospitalidad del inconsciente


Formada entre la filosofía contemporánea y la clínica psicoanalítica lacaniana, Dufourmantelle desplegó a lo largo de su obra un pensamiento fronterizo caracterizado por una singular agudeza poética y un profundo rigor conceptual. Se dio a conocer internacionalmente por sus diálogos con Jacques Derrida en torno a la hospitalidad (La hospitalidad), un eje que nunca abandonaría: para ella, tanto la vida como el espacio analítico son terrenos de acogida hacia la alteridad más íntima y extranjera.


La inteligencia del sueño surge en un momento de plena madurez de su pensamiento, dialogando orgánicamente con sus otras grandes obras:


  • Elogio del riesgo: donde concibe el acto de vivir no como una búsqueda de inmunidad y control, sino como una apuesta dispuesta a dejarse transformar por lo imprevisto.

  • Potencia de la dulzura y Defensa del secreto: donde reivindica aquellas zonas de reserva, fragilidad y sombra subjetiva que no se dejan domesticar por el discurso tiránico de la transparencia contemporánea.



El surgimiento de la obra:


La inteligencia del sueño nace de la necesidad de rescatar la experiencia onírica de dos peligros simétricos: el reduccionismo neurocognitivo que la confina a un mero proceso de depuración cerebral, y cierta tendencia del análisis a convertir el sueño en un simple acertijo técnico que deba ser rápidamente "liquidado" mediante la interpretación. Para Dufourmantelle, los sueños no son simples mensajes en clave del pasado; son presencias vivas que velan por nosotros y nos abren un umbral hacia lo porvenir.


En nuestro espacio de tratamiento con un psicólogo Argentino online, entendemos que alojar esta dimensión es imprescindible para que el padecimiento de quien consulta no se reduzca a una etiqueta diagnóstica, sino que encuentre un cauce para su singularidad.



El sueño como acontecimiento


A diferencia de las visiones convencionales que consideran que despertamos fuera de nuestros sueños, Dufourmantelle propone una hipótesis inversa y conmovedora: jamás salimos del sueño; es el sueño el que continúa habitándonos en vigilia.


El sueño no es un mero reflejo de la vida consciente ni una construcción gobernada por la voluntad del Yo. Es un acontecimiento en sentido estricto: irrumpe sin la autorización de la conciencia, desarticula las certezas de la identidad cotidiana y pone en juego una percepción más vasta y refinada que la de la razón instrumental.


Lejos de ser un lenguaje cerrado o una fatalidad sellada, el sueño opera con una inteligencia propia que:


  1. Reorganiza lo mudo y lo no dicho: Deshace la rigidez del pasado traumático y permite habitar la propia historia desde una perspectiva inédita.

  2. Suspende la linealidad del tiempo: Funciona como un futuro anterior; no adivina el porvenir, sino que inaugura un camino otro, abriendo posibilidades de respuesta ante aquello que la vigilia creía clausurado.

  3. Hace cuerpo con lo real: En lugar de encubrir, el sueño bordea lo irrepresentable y crea ficciones verdaderas capaces de transformar la economía afectiva del soñador.



Figuras de intercesión, metamorfosis y contratiempo


El capítulo que conforma la tercera parte del libro profundiza en una de las dimensiones más luminosas y complejas del texto: los intercesores oníricos y la temporalidad del contratiempo.


Dufourmantelle convoca aquí una constelación de figuras míticas, poéticas y filosóficas —el ángel, el daimôn, el genio creador, la figura de la anunciación y la epifanía pascaliana— para dar cuenta de cómo opera el sueño como puente entre la finitud humana y lo inaudito.



Los intercesores y la suspensión del destino


Los mensajeros del sueño (figuras que adoptan la forma de un visitante intempestivo, un animal, una mirada en la sombra o una frase enigmática) cumplen una función decisiva: interceder.


  • El ángel y el daimôn no actúan como guardianes morales ni como jueces; su llegada suspende la fatalidad, detiene la marcha destructiva del síntoma repetitivo y abre un espacio de sustitución y donación donde la vida puede recomenzar.

  • Frente al peso asfixiante de la culpa o el remordimiento, el sueño introduce la posibilidad de una conversión: un instante en el que franjas enteras de la memoria coagulada se desensamblan para dar lugar a una creación nueva.



El sueño como «contratiempo» y la vocación de vigilia


Uno de los aportes más agudos de esta sección es el concepto de contratiempo (contre-temps):


  • Toda precipitación consciente es un extravío; los genios y los ángeles del sueño llegan siempre a destiempo respecto del reloj social.

  • Escapan a la cronología del rendimiento para conectar en un mismo relámpago la infancia más intacta con la vejez, recordando la condición trashumante del ser humano frente a existencias fijadas en la repetición neurótica.

  • Estar en vigilia, para Dufourmantelle, no es estar obsesionado con el control consciente, sino mantener un estado del espíritu poroso, capaz de recibir lo inesperado (l'inattendu), esa forma dulce y temible del encuentro y del azar.


Desde nuestra orientación psicoanalítica lacaniana y freudiana, este planteo ilumina la práctica del análisis: no se trata de imponer un sentido previo ni de forzar una adaptación al entorno, sino de ofrecer un espacio de hospitalidad para que el sujeto pueda escuchar aquello que, desde lo más íntimo de su noche, insiste en hacerse oír.



Una ética de la hospitalidad ante el inconsciente


La inteligencia del sueño constituye una travesía poética y clínica insustituible frente a la aridez de la época. Anne Dufourmantelle nos lega una advertencia y una invitación: desoír la voz de nuestros sueños es condenarnos a una existencia petrificada en la que no hay lugar para la sorpresa ni para el deseo. Escucharlos, por el contrario, es aceptar el riesgo de la alteridad y consentir a esa fuerza secreta que, aun en los momentos más oscuros, sigue inventando caminos para que la vida no se cierre sobre sí misma.




Redactado por el Equipo de Psicólogos Online Argentina (Especialistas UBA)

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