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La castración en Freud y en Lacan. La construcción de la existencia. (parte 1)

El sujeto padece de su relación con el Otro es lo que escuchamos una y otra vez en la experiencia que llevamos adelante desde la terapia online Argentina. ¿Qué es esta relación? ¿De que Otro se trata y cual es la posición del sujeto en esta relación? Freud nos describió esta relación en su articulo: el fetichismo. “En los últimos años tuve oportunidad de estudiar analíticamente cierto número de varones cuya elección de objeto era regida por un fetiche. No se crea que esas personas recurrieron al análisis necesariamente a causa del fetiche, pues si bien este es discernido como una anormalidad por sus adictos, rara vez lo sienten como un síntoma que provoque padecimiento; las más de las veces están muy contentos con él y hasta alaban las facilidades que les brinda en su vida amorosa.” Los neuróticos se contentan con lo que les permite sostener la relación sexual con el Otro. ¿qué es este fetiche? “el fetiche es el sustituto del falo de la mujer (de la madre) en que el varoncito ha creído y al que no quiere renunciar” “En la instauración del fetiche parece serlo, más bien, la suspensión de un proceso, semejante a la detención del recuerdo en la amnesia traumática también en aquella el interés se detiene como a mitad de camino; acaso se retenga como fetiche la última impresión anterior a la traumática, la ominosa {unheimlich}.” “detienen el momento del desvestido, el último en que todavía se pudo considerar fálica a la mujer.”


Ante la producción del fetiche Freud va a decir en "escisión del aparato psíquico" que consecuencias devienen por esta contentacion: “Sigue cultivando su masturbación como si ello no pudiera traer ningún peligro a su pene, pero al mismo tiempo desarrolla, en plena contradicción con su aparente valentía o despreocupación, un síntoma que prueba que ha reconocido, sin embargo, aquel peligro. Lo amenazaron con que el padre lo castraría, e inmediatamente después, de manera simultánea a la creación del fetiche, aflora en él una intensa angustia ante el castigo del padre,” podemos ubicar entonces que esta formación del fetiche tiene como consecuencia el padecimiento sintomático del sujeto, lo deja ante el horror a la castración siempre inminente como amenaza. Esto determina la posición en el hombre como el que hace su ser desde la amenaza, esto hace a una forma de ser sintomática, y en la mujer la envidia y el temor a la perdida del amor. Punto que Freud se encontró como roca en sus análisis: “La sobresaliente significatividad de ambos temas -el deseo del pene en la mujer y la revuelta contra la actitud pasiva en el varón- no ha escapado a la atención de Ferenczi. En su conferencia de 1927 plantea, para todo análisis exitoso, el requisito de haber dominado esos dos complejos. Por experiencia propia yo agregaría que hallo a Ferenczi demasiado exigente en este punto. En ningún momento del trabajo analítico se padece más bajo el sentimiento opresivo de un empeño que se repite infructuosamente, bajo la sospecha de «predicar en el vacío», que cuando se quiere mover a las mujeres a resignar su deseo del pene por irrealizable, y cuando se pretende convencer a los hombres de que una actitud pasiva frente al varón no siempre tiene el significado de una castración y es indispensable en muchos vínculos de la vida. De la sobre compensación desafiante del varón deriva una de las más fuertes resistencias trasferenciales. El hombre no quiere someterse a un sustituto del padre, no quiere estar obligado a agradecerle, y por eso no quiere aceptar del médico la curación. No puede establecerse una trasferencia análoga desde el deseo del pene de la mujer; en cambio, de esa fuente provienen estallidos de depresión grave, por la certeza interior de que la cura analítica no servirá para nada y de que no es posible obtener remedio. No se le hará injusticia si se advierte que la esperanza de recibir, empero, el órgano masculino que echa de menos dolidamente fue el motivo más intenso que la esforzó a la cura…Lo decisivo es que la resistencia no permite que se produzca cambio alguno, que todo permanece como es. A menudo uno tiene la impresión de haber atravesado todos los estratos psicológicos y llegado, con el deseo del pene y la protesta masculina, a la «roca de base» y, de este modo, al término de su actividad. Y así tiene que ser, pues para lo psíquico lo biológico desempeña realmente el papel del basamento rocoso subyacente. En efecto, la desautorización de la feminidad no puede ser más que un hecho biológico, una pieza de aquel gran enigma de la sexualidad (ver nota).” La designación «protesta masculina» no debe inducir al error de suponer que la desautorización del varón recaiga sobre la actitud pasiva, sobre el aspecto por así decir social de la feminidad. Lo contradice la observación, fácil de corroborar, de que tales hombres suelen exhibir una conducta masoquista hacía la mujer, una lisa y llana servidumbre. El hombre sólo se defiende de la pasividad frente al hombre, no de la pasividad en general. En otras palabras: la «protesta masculina» no es de hecho otra cosa que una angustia de castración.” Difícil es decir si en una cura analítica hemos logrado dominar este factor, y cuándo lo hemos logrado. Nos consolamos con la seguridad de haber ofrecido al analizado toda la incitación posible para reexaminar y variar su actitud frente a él.” Freud no logra despegar de la biología, pero la biología en Freud es el sostenimiento de la premisa fálica. Lo que seria lo natural es la cultura. Esto deja la creencia en LA mujer intacta, y deja al hombre en una posición de objeto frente a La mujer.


Entonces acá tenemos una de las figuras del Otro que dejan al sujeto padeciendo la relación. Por el fetiche sostiene a la madre fálica y padece de LA mujer. La otra figura también podemos ya especificarla es el padre de la amenaza que tiene dos caras: la prohibición y el goce. Como lo describe en Tótem y Tabú, el padre que goza de todas las mujeres, que prohíbe a todas, las mujeres son ahí un todo inaccesible, pero entonces deja al sujeto a merced de la madre y por lo tanto LA mujer también queda intacta. Esta es la versión del padre gozoso que los hermanos, y esto es la masa, se reunieron para matarlo y al hacerlo surge la prohibición de estar con las mujeres del padre, las mujeres siguen siendo inaccesibles. Como en el caso del fetichismo el surgimiento de la ley conlleva toda la formación sintomática del sujeto.


Tanto el padre muerto como el padre gozoso sostienen el goce absoluto como posible, esto es la pulsion de muerte que combina la cara mortificante con la gozosa del padre, esto deja intacta la creencia en la relación sexual y a esto lo podemos llamar LA mujer.

En las toxicomanías nos encontramos más con la cara gozosa de la pulsión de muerte en su relación con LA. Pero el romper el matrimonio con el falo nunca es absoluto es a más bien a donde apunta la droga por lo cual nos encontramos también con la vicisitudes de las cadenas significantes y la prohibición.



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