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La castración en Freud y en Lacan. La construcción de la existencia. (parte 1)

  • Foto del escritor: Equipo de Psicólogos Online Argentina
    Equipo de Psicólogos Online Argentina
  • 4 jul 2021
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 2 ago 2021

El sujeto padece de su relación con el Otro es lo que escuchamos una y otra vez en la experiencia que llevamos adelante desde la terapia online Argentina. ĀæQuĆ© es esta relación? ĀæDe que Otro se trata y cual es la posición del sujeto en esta relación? Freud nos describió esta relación en su articulo: el fetichismo. ā€œEn los Ćŗltimos aƱos tuve oportunidad de estudiar analĆ­ticamente cierto nĆŗmero de varones cuya elección de objeto era regida por un fetiche. No se crea que esas personas recurrieron al anĆ”lisis necesariamente a causa del fetiche, pues si bien este es discernido como una anormalidad por sus adictos, rara vez lo sienten como un sĆ­ntoma que provoque padecimiento; las mĆ”s de las veces estĆ”n muy contentos con Ć©l y hasta alaban las facilidades que les brinda en su vida amorosa.ā€ Los neuróticos se contentan con lo que les permite sostener la relación sexual con el Otro. ĀæquĆ© es este fetiche? ā€œel fetiche es el sustituto del falo de la mujer (de la madre) en que el varoncito ha creĆ­do y al que no quiere renunciarā€ ā€œEn la instauración del fetiche parece serlo, mĆ”s bien, la suspensión de un proceso, semejante a la detención del recuerdo en la amnesia traumĆ”tica tambiĆ©n en aquella el interĆ©s se detiene como a mitad de camino; acaso se retenga como fetiche la Ćŗltima impresión anterior a la traumĆ”tica, la ominosa {unheimlich}.ā€ ā€œdetienen el momento del desvestido, el Ćŗltimo en que todavĆ­a se pudo considerar fĆ”lica a la mujer.ā€


Ante la producción del fetiche Freud va a decir en "escisión del aparato psĆ­quico" que consecuencias devienen por esta contentacion: ā€œSigue cultivando su masturbación como si ello no pudiera traer ningĆŗn peligro a su pene, pero al mismo tiempo desarrolla, en plena contradicción con su aparente valentĆ­a o despreocupación, un sĆ­ntoma que prueba que ha reconocido, sin embargo, aquel peligro. Lo amenazaron con que el padre lo castrarĆ­a, e inmediatamente despuĆ©s, de manera simultĆ”nea a la creación del fetiche, aflora en Ć©l una intensa angustia ante el castigo del padre,ā€ podemos ubicar entonces que esta formación del fetiche tiene como consecuencia el padecimiento sintomĆ”tico del sujeto, lo deja ante el horror a la castración siempre inminente como amenaza. Esto determina la posición en el hombre como el que hace su ser desde la amenaza, esto hace a una forma de ser sintomĆ”tica, y en la mujer la envidia y el temor a la perdida del amor. Punto que Freud se encontró como roca en sus anĆ”lisis: ā€œLa sobresaliente significatividad de ambos temas -el deseo del pene en la mujer y la revuelta contra la actitud pasiva en el varón- no ha escapado a la atención de Ferenczi. En su conferencia de 1927 plantea, para todo anĆ”lisis exitoso, el requisito de haber dominado esos dos complejos. Por experiencia propia yo agregarĆ­a que hallo a Ferenczi demasiado exigente en este punto. En ningĆŗn momento del trabajo analĆ­tico se padece mĆ”s bajo el sentimiento opresivo de un empeƱo que se repite infructuosamente, bajo la sospecha de Ā«predicar en el vacĆ­oĀ», que cuando se quiere mover a las mujeres a resignar su deseo del pene por irrealizable, y cuando se pretende convencer a los hombres de que una actitud pasiva frente al varón no siempre tiene el significado de una castración y es indispensable en muchos vĆ­nculos de la vida. De la sobre compensación desafiante del varón deriva una de las mĆ”s fuertes resistencias trasferenciales. El hombre no quiere someterse a un sustituto del padre, no quiere estar obligado a agradecerle, y por eso no quiere aceptar del mĆ©dico la curación. No puede establecerse una trasferencia anĆ”loga desde el deseo del pene de la mujer; en cambio, de esa fuente provienen estallidos de depresión grave, por la certeza interior de que la cura analĆ­tica no servirĆ” para nada y de que no es posible obtener remedio. No se le harĆ” injusticia si se advierte que la esperanza de recibir, empero, el órgano masculino que echa de menos dolidamente fue el motivo mĆ”s intenso que la esforzó a la cura…Lo decisivo es que la resistencia no permite que se produzca cambio alguno, que todo permanece como es. A menudo uno tiene la impresión de haber atravesado todos los estratos psicológicos y llegado, con el deseo del pene y la protesta masculina, a la Ā«roca de baseĀ» y, de este modo, al tĆ©rmino de su actividad. Y asĆ­ tiene que ser, pues para lo psĆ­quico lo biológico desempeƱa realmente el papel del basamento rocoso subyacente. En efecto, la desautorización de la feminidad no puede ser mĆ”s que un hecho biológico, una pieza de aquel gran enigma de la sexualidad (ver nota).ā€ La designación Ā«protesta masculinaĀ» no debe inducir al error de suponer que la desautorización del varón recaiga sobre la actitud pasiva, sobre el aspecto por asĆ­ decir social de la feminidad. Lo contradice la observación, fĆ”cil de corroborar, de que tales hombres suelen exhibir una conducta masoquista hacĆ­a la mujer, una lisa y llana servidumbre. El hombre sólo se defiende de la pasividad frente al hombre, no de la pasividad en general. En otras palabras: la Ā«protesta masculinaĀ» no es de hecho otra cosa que una angustia de castración.ā€ DifĆ­cil es decir si en una cura analĆ­tica hemos logrado dominar este factor, y cuĆ”ndo lo hemos logrado. Nos consolamos con la seguridad de haber ofrecido al analizado toda la incitación posible para reexaminar y variar su actitud frente a Ć©l.ā€ Freud no logra despegar de la biologĆ­a, pero la biologĆ­a en Freud es el sostenimiento de la premisa fĆ”lica. Lo que seria lo natural es la cultura. Esto deja la creencia en LA mujer intacta, y deja al hombre en una posición de objeto frente a La mujer.


Entonces acÔ tenemos una de las figuras del Otro que dejan al sujeto padeciendo la relación. Por el fetiche sostiene a la madre fÔlica y padece de LA mujer. La otra figura también podemos ya especificarla es el padre de la amenaza que tiene dos caras: la prohibición y el goce. Como lo describe en Tótem y Tabú, el padre que goza de todas las mujeres, que prohíbe a todas, las mujeres son ahí un todo inaccesible, pero entonces deja al sujeto a merced de la madre y por lo tanto LA mujer también queda intacta. Esta es la versión del padre gozoso que los hermanos, y esto es la masa, se reunieron para matarlo y al hacerlo surge la prohibición de estar con las mujeres del padre, las mujeres siguen siendo inaccesibles. Como en el caso del fetichismo el surgimiento de la ley conlleva toda la formación sintomÔtica del sujeto.


Tanto el padre muerto como el padre gozoso sostienen el goce absoluto como posible, esto es la pulsion de muerte que combina la cara mortificante con la gozosa del padre, esto deja intacta la creencia en la relación sexual y a esto lo podemos llamar LA mujer.

En las toxicomanías nos encontramos mÔs con la cara gozosa de la pulsión de muerte en su relación con LA. Pero el romper el matrimonio con el falo nunca es absoluto es a mÔs bien a donde apunta la droga por lo cual nos encontramos también con la vicisitudes de las cadenas significantes y la prohibición.



Redactado por los profesionales de Psicólogos Online Argentina


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