Mi cuerpo y sus imágenes


¿Por qué tantas veces nos miramos al espejo por la mañana y lo que vemos no coincide con cómo nos sentimos por dentro? Hay días en los que una persona puede verse descansada y arreglada, pero arrastra una pesadez invisible en el pecho; en otros momentos ocurre lo contrario: la mirada devuelve ojeras o marcas de cansancio, pero por dentro experimentamos una vitalidad capaz de llevarse el mundo por delante. Esta discrepancia cotidiana revela una verdad que solemos pasar por alto: lo que vemos pasa por el mapa íntimo de sensaciones que fuimos acumulando a lo largo de toda nuestra historia.
En esta experiencia tan cercana se sumerge Mi cuerpo y sus imágenes de editoril Paidos, una de las obras más luminosas del prestigioso médico y psicoanalista argentino radicado en Francia, Juan David Nasio. Nacido en Rosario y formado en la Universidad de Buenos Aires antes de continuar su destacada trayectoria en París —donde fue alumno y colaborador cercano de Jacques Lacan y de Françoise Dolto—, Nasio es reconocido en todo el mundo por una cualidad docente extraordinaria: la capacidad de explicar los dilemas más profundos de la condición humana con una prosa clara, poética y transparente. Nasio no escribe para deslumbrar con jergas difíciles; escribe para que cualquier persona reconozca en sus páginas aquello que ya intuía en silencio sobre su propia vida.
La doble dimensión de lo que somos
El título del ensayo encierra la clave que recorre de punta a punta el libro: no tenemos una sola imagen, sino que nuestro cuerpo vive a través de múltiples imágenes en diálogo constante. Nasio explica que, al salir a la calle cada mañana, nos encontramos con dos registros inseparables:
La imagen que vemos en el espejo: esa figura completa y visible que presentamos a los demás y con la que solemos identificarnos hacia afuera.
La imagen mental de lo que sentimos: una vivencia interior, hecha del calor, los dolores, los ritmos respiratorios y las emociones que resuenan en nuestras entrañas.
Para Nasio, nuestra identidad —ese sentimiento íntimo de ser uno mismo— no es una idea abstracta en la cabeza, sino la unión viva y sensible de estas imágenes corporales. El título habla de sus imágenes en plural porque esa construcción no se congela de una vez y para siempre: se nutre desde los primeros abrazos de la infancia y sigue transformándose con cada nuevo vínculo.
En nuestro equipo de profesionales de psicólogas Argentinas consideramos que escuchar cómo cada persona experimenta su propio cuerpo y sus tensiones es la forma de abordar la propia singularidad con la que cada uno se relacion con su propio cuerpo.
Las huellas invisibles de los primeros abrazos
Nasio retoma con enorme sensibilidad las enseñanzas de Françoise Dolto para recordarnos que el origen de lo que sentimos se graba mucho antes de que aprendamos a hablar. Durante los primeros meses de vida, el mundo de un bebé no está hecho de pensamientos lógicos, sino de sensaciones puras: la calidez de los brazos que lo sostienen, el tono de voz de quien lo alimenta, la calma de sentirse arropado y el sobresalto ante la ausencia.
Todas esas vivencias tempranas dejan una huella imborrable, una memoria muda que nos acompaña en la edad adulta. Cuando una persona se siente segura y camina con paso firme por el mundo, no lo hace solo por una decisión racional: en su interior late esa confianza primordial aprendida en el cobijo de sus primeros años. En cambio, cuando alguien atraviesa una situación difícil y siente que "se le mueve el piso", el cuerpo suele reaccionar buscando refugio en posturas o hábitos antiguos para protegerse. Comprender que estas reacciones son intentos espontáneos de buscar seguridad permite mirarse a uno mismo con mucha mayor compasión.
La trampa de las apariencias y la fascinación frente al espejo
En la segunda parte del libro, Nasio se apoya en Jacques Lacan para describir qué ocurre cuando un niño pequeño descubre por primera vez su reflejo. Al principio se produce una alegría inmensa: verse como un todo coordinado produce una agradable sensación de dominio. Sin embargo, tiempo después sobreviene un desencanto necesario: el niño descubre que esa figura reflejada en el cristal no es su persona completa, sino apenas una apariencia exterior.
A partir de ese instante, los adultos solemos caer en una trampa cotidiana: prestarle demasiada atención a la mirada ajena y descuidar lo que pasa por dentro. Vivimos en una época que exige encajar en moldes visuales perfectos, pero ninguna imagen externa puede reemplazar la tranquilidad interior. Cuando aprendemos a mirar más allá de la cáscara visible, dejamos de exigirnos una perfección imposible.
La mirada de los otros: un espejo vivo que nos construye
Hacia los capítulos finales, el autor aborda una pregunta fundamental: ¿podemos construir quiénes somos sin los demás? La respuesta de Nasio es contundente: el rostro de las personas que amamos funciona como un espejo vivo. La mirada atenta, el aliento de un padre o una madre y la ternura compartida en una pareja son los cimientos que nos permiten confiar en nuestras capacidades y querernos tal como somos.
A medida que maduramos, aprendemos que los demás son tan vulnerables e imperfectos como nosotros, lo cual nos ayuda a liberarnos de la necesidad constante de aprobación externa. Descubrir que no somos autosuficientes no es una debilidad; es la condición misma que hace posibles el amor, la amistad y la empatía.
Mi cuerpo y sus imágenes es una obra sumamente enriquecedora, amena y esperanzadora. Nos invita a reconciliarnos con nuestra historia sensible y nos recuerda que aprender a escuchar los mensajes del propio cuerpo es la vía para llegar a un mejor acuerdo con uno mismo.
Redactado por el Equipo de Psicólogos Online Argentina (Especialistas UBA)
Revisado por la Lic. Cecilia Alejandra Brondolo (M.N 28.261) - UBA


