Emigrar y Duelo Migratorio: de la pérdida a la construcción de un lugar propio
- PsicologosOnlineArgentina

- 17 dic 2025
- 9 Min. de lectura
Actualizado: 20 dic 2025
El duelo migratorio es el trabajo subjetivo necesario para hacerle lugar a la pérdida de lo que representaba para alguien vivir en un determinado país. Es una experiencia radicalmente singular: no se trata de una lista general de nostalgias, sino de lo que se le juega a cada uno en esa partida (los lazos sociales, el lugar en la familia, la cultura, lo que ese país significaba para sí). Es un trabajo de desprendimiento profundo que requiere tiempo. Cuando este proceso no se atraviesa, se producen diferentes síntomas que dicen de esa dificultad; es ese malestar el que muchas veces impulsa la demanda de un psicoanálisis online con un psicólogo argentino.

Irse del país muchas veces suele presentarse como una promesa: la de una vida mejor, más estable, más segura. Sin embargo, una vez que pasa la euforia de la llegada y el "turismo" inicial, muchos emigrados se encuentran con una angustia inesperada. La valija pesaba 23 kilos, pero lo que se carga a nivel subjetivo puede pesar mucho más.
En nuestra práctica de terapia online con pacientes que emigraron, constatamos que emigrar no es solo un desplazamiento geográfico, sino una conmoción profunda en la identidad. Aunque cada recorrido es singular, aquí nos detendremos en los desafíos emocionales que aparecen con mayor frecuencia en quienes nos consultan.
La ilusión de dejar los problemas en Ezeiza
Existe una fantasía común: creer que el malestar es culpa exclusiva del contexto (la economía, la inseguridad, la política) y que, al cambiar de escenario, el malestar desaparecerá. Pero, como bien sabemos desde el psicoanálisis, uno se lleva a sí mismo a donde vaya.
A menudo, los conflictos que creíamos dejar atrás viajan con nosotros, camuflados entre la ropa. Si la dificultad estaba en "lo propio" (en nuestra historia con nuestras raíces, en nuestros miedos, en nuestra forma de vincularnos), el cambio de país no la resuelve, solo le cambia el fondo.
La soledad de los códigos y la dificultad de conectar
Uno de los choques más duros para quien emigra es la dificultad para construir nuevos lazos de amistad. Y esto ocurre incluso en países que suponemos culturalmente cercanos, como España o Italia. Muchos buscan psicólogos argentinos en Europa justamente para recuperar esa complicidad implícita. El idioma puede ser el mismo, pero el código es otro.
Esto genera un sentimiento particular de soledad: la soledad de no ser leído entre lineas. Uno puede estar rodeado de gente, compañeros de trabajo o conocidos, y sin embargo sentir una profunda dificultad para conectar. El lazo social parece no tener espesor; falta esa "complicidad" implícita de lo cultural.
Esta barrera invisible lleva a menudo al sujeto a recluirse o a relacionarse exclusivamente con otros expatriados. Sin embargo, allí también se juega algo complejo: esos compatriotas muchas veces también se encuentran atravesando su propio duelo migratorio. El encuentro se da entonces entre dos soledades o dos nostalgias, lo cual puede brindar contención, pero también dificultar la apertura a lo nuevo.
La culpa del que se va
Otro asunto que surge con fuerza en la consulta es la culpa. A menudo, quien emigra siente que está "abandonando" a sus afectos en un contexto difícil. Aparece una paradoja dolorosa: la culpa por estar bien.
Disfrutar de la estabilidad o el progreso en el nuevo país puede vivirse como una traición hacia los padres, hermanos o amigos que quedaron lidiando con la crisis en el lugar de origen. Esta culpa, si no se elabora, puede funcionar como un boicot inconsciente: donde el sujeto no se permite disfrutar plenamente de sus logros afuera para "no alejarse tanto" de los que sufren adentro.
El paso del tiempo y el temor a la distancia
"¿Y si pasa algo y no estoy?". Esta es, quizás, la pregunta que más inquietud genera en quienes viven afuera produciendo un estado de alerta constante o ansiedad que impide disfrutar.
La distancia física impone una realidad cruel: la vida de los seres queridos allá continúa sin nosotros. El emigrado se enfrenta a lo irreversible del paso del tiempo: ver envejecer a los padres a través de una pantalla, perderse el crecimiento cotidiano de los sobrinos, no estar en los cumpleaños.
La tecnología acerca, pero también puede marcar la ausencia. La videollamada es una ventana, pero no un abrazo. En la clínica, escuchamos frecuentemente el temor angustiante a que ocurra una enfermedad grave o una urgencia familiar y no poder llegar a tiempo. Esta culpa y miedo a veces paralizan, impidiendo que el sujeto disfrute de su presente.
La paradoja de la visita: ser turista en la propia tierra
El viaje de visita suele esperarse con ansias, idealizando el reencuentro. Sin embargo, cuando llega el momento, muchos emigrados se topan con una sensación extraña: la de sentirse extranjeros en su propia tierra.
Volver implica someterse a la tiranía del tiempo. Los días se viven con una intensidad agotadora, intentando comprimir meses de afecto en un café de una hora. Es la carrera contra el reloj para "cumplir" con todos, lo que a menudo deja una sensación de vacío o de no haber estado realmente con nadie.
Pero lo más complejo es el choque con la realidad: la vida allá siguió sin nosotros. Los sobrinos crecieron, los amigos tienen nuevos códigos, el barrio cambió. Darse cuenta de que el lugar que dejamos ya no existe tal cual lo recordamos (y que nosotros tampoco somos los mismos que se fueron) genera un nuevo tipo de duelo. El regreso al país de residencia tras la visita suele ser, paradójicamente, más doloroso que la emigración inicial. Es una "segunda partida" donde la fantasía del retorno choca con la realidad.
El Duelo Migratorio: Perder para ganar
Emigrar implica una ganancia, pero también una pérdida inevitable. Se pierden los códigos compartidos, los olores familiares, la espontaneidad del lenguaje y la cercanía de la red de contención. A este proceso, que venimos describiendo de lo que puede perder cada uno, y es singular, lo llamamos Duelo Migratorio.
No es una depresión, sino un proceso de adaptación y transformación subjetiva. El sujeto debe "rearmarse" en un lugar donde es, literalmente, un extranjero. Y aquí retomamos una idea fundamental que exploramos en nuestro artículo "Sobre la Terapia Online y Lo extranjero": a veces, sentirse extraño afuera es la vía para descubrir que, en realidad, uno ya se sentía un poco extranjero de sí mismo antes de partir.
La pareja en el exilio: Un vínculo bajo presión
Emigrar en pareja es un capítulo aparte. Al llegar a un nuevo país, la pareja suele convertirse en el único refugio conocido, la única "patria" portátil. Esto puede sobrecargar el vínculo de una manera, a veces, asfixiante.
Es común que los tiempos de adaptación no sean sincrónicos: quizás uno consiguió trabajo rápido y socializa, mientras el otro pasa el día en casa lidiando con la soledad. Se generan asimetrías y una dependencia forzada. El desafío es pasar de la simbiosis por supervivencia a reencontrarse como dos sujetos que eligen, nuevamente, compartir un proyecto.
No terminar de desempacar
También nos encontramos con la trampa de la provisionalidad. "Venimos a probar por un año", "juntamos plata y volvemos". A veces, esta idea de retorno funciona como una defensa para no asumir el costo emocional de echar raíces.
El sujeto vive en el nuevo país, pero psíquicamente sigue habitando el anterior. No compra muebles, no hace amigos, no se compromete. Queda en un limbo, en un "entre-dos" donde no termina de llegar ni termina de irse. El psicoanálisis online apunta a interrogar esa espera: ¿Se trata de un deseo real de volver o de una dificultad para habitar el presente?
El tiempo de la adaptación: Un trabajo de elaboración subjetiva
Vivimos en una época que exige inmediatez, y a menudo se espera que la inserción en el nuevo país sea fácil y rápida. Sin embargo, la experiencia clínica nos muestra lo contrario: establecerse lleva mucho tiempo.
No se trata solo de conseguir papeles o alquilar un piso. Se trata de un gran trabajo de elaboración interna en relación a las expectativas (que no siempre se cumplen), el manejo del entusiasmo inicial y el procesamiento de las pérdidas. Inevitablemente, emigrar implica adaptarse a lo distinto, tolerar la frustración de no entender todo de inmediato y aceptar que construir un lugar propio requiere paciencia. Querer apurar este tiempo lógico solo suele generar más angustia.
Un espacio para construir algo propio
Más allá de las fronteras geográficas, lo fundamental en un tratamiento no es solo compartir el idioma, sino la posibilidad de alojar la singularidad de quien consulta. Emigrar mueve los cimientos más profundos y nos enfrenta a una encrucijada: ¿insistir en repetir las viejas fórmulas o aprovechar ese movimiento para tratar de cambiar?
Repetir implica el intento agotador de "calcar" quien uno era antes, buscando reencontrar intacto aquí lo que se dejó allá, como si nada hubiera pasado. Pero existe otra posibilidad: la de incluir la diferencia. Aceptar que, si el escenario cambió radicalmente, sostenerse idéntico es una ilusión. El desafío es dejarse afectar por la experiencia, permitiendo que ese movimiento geográfico devenga también un movimiento subjetivo que dé lugar a un verdadero replanteamiento de sí mismo.
Un psicoanálisis en linea con un psicólogo argentino ofrece un punto de anclaje en medio de esta tormenta. Es un espacio donde no hace falta "traducir" el sufrimiento ni explicar los códigos, sino desplegar la palabra para entender qué de nosotros mismos se puso en juego en la partida y qué deseamos edificar en el nuevo destino.
La emigración implica muchos cambios que se deben transitar; en estas líneas solo detallamos algunos de esos asuntos, pero cada historia es singular. Hacerles frente requiere un verdadero trabajo de elaboración y, como todo trabajo, requiere tiempo.
Emigrar es un acto valiente, pero sostenerse emocionalmente afuera también lo es. Si sentís que el desarraigo, la culpa, la soledad o los desafíos de la adaptación pesan más de lo esperado, te invitamos a abrir un espacio de escucha para acompañar tu proceso.
Redactado por los profesionales de Psicólogos Online Argentina
Emigrar y Duelo Migratorio: Preguntas frecuentes
1. ¿Qué es el "duelo migratorio" y cuáles son sus síntomas? El duelo migratorio es el trabajo subjetivo necesario para hacerle lugar a la pérdida de lo que representaba para alguien vivir en un determinado país. Es una experiencia radicalmente singular: no se trata de una lista general de nostalgias, sino de lo que se le juega a cada uno en esa partida (los lazos sociales, el lugar en la familia, el estatus, lo que ese país significaba para sí). Es un trabajo de desprendimiento profundo que requiere tiempo. Cuando este proceso no se atraviesa, se producen diferentes síntomas que dicen de esa dificultad; es ese malestar el que muchas veces impulsa la demanda de un psicoanálisis online con un psicólogo argentino.
2. ¿Cuánto tiempo se requiere para poder hacer el duelo que implica emigrar? No existe un tiempo cronológico preestablecido. El tiempo de elaboración es un tiempo lógico y radicalmente singular: depende de la historia de cada uno y de las condiciones en las que se produjo la partida. A menudo, la urgencia social por "adaptarse rápido" va en contra de este recorrido necesario. No se trata de esperar a que pasen los meses, sino de transitar ese trabajo de desprendimiento para que lo nuevo pueda empezar a tener lugar sin que lo anterior se viva como una herida abierta.
3. Siento culpa por estar bien mientras mi familia en mi país la pasa mal. A veces se siente que, para tener derecho a armar una vida propia afuera, se paga el precio de la culpa. El progreso personal se vive como si fuera un abandono hacia quienes se quedaron. La terapia online busca abrir una pregunta sobre ese mandato, para que el propio disfrute no se sienta como una traición al sufrimiento del otro.
4. ¿Por qué me sentí un extraño al volver de visita a mi país? Es el choque con una realidad difícil de asumir: la vida allá siguió sin nosotros. Volver nos muestra que el lugar que guardamos en la memoria ya no existe tal cual. Esa extrañeza duele, pero es necesaria para dejar caer la ilusión de que el pasado nos espera intacto y empezar a aceptar que, al partir, nosotros también cambiamos.
5. ¿Cómo afecta la emigración a la pareja? Al perder la red de amigos y familia, a veces le pedimos a la pareja que sea todo: sostén, patria y refugio. Esto puede asfixiar el vínculo. El desafío del espacio terapéutico es ayudar a salir de esa encerrona donde uno se aferra al otro por supervivencia, para volver a encontrarse desde el deseo y compartir un proyecto, y no solo el miedo a la soledad.
6. Solo me junto con compatriotas, ¿eso me impide avanzar? Estar con pares alivia porque nos vemos reflejados sin tener que explicar nada; es un refugio necesario. El problema aparece cuando ese círculo se cierra y se convierte en una trinchera para rechazar lo distinto. Si el encuentro solo sirve para compartir la queja o la nostalgia, puede terminar impidiendo que se construya algo propio.



Comentarios