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Sobre el lazo...¿consigo mismo?

Actualizado: oct 17

Si se puede llegar a producir un amor que no sea la contracara del odio quizás el lazo sea posible.


Muchas veces no sabemos que nos pasa, por qué nos sentimos así, se lo adjudicamos al mal tiempo, a que Fulanito nos ojeó, a que tal nos habló mal o al haber iniciado el día con el pie izquierdo. Siempre se encuentra alguna causa para responder por lo que no sabemos. Los médicos mismos colaboran con este desconocimiento ofreciendo términos que suenan lindo como el famoso stress o explicaciones hipotéticas de procesos químicos que nos determinan.

Pero ¿cómo puede ser que no sepamos que nos pasa? Que uno no sepa lo que le pasa a uno.

Por suerte Freud se detuvo ante lo que no se sabe y descubrió el inconsciente. Y lo descubrió justamente pudiendo privarse de llenar ese espacio enigmático de lo que le sucede al otro. En ese lugar, soportando no saber, aprendió a escuchar. Se dio cuenta que al hablar con otro, que pueda hacer lugar a lo que le aparece a cada uno, pueden surgir asuntos desconocidos para el propio hablante. Asuntos que terminaban desembocando en los atolladeros del deseo y del amor.


Este preámbulo es para hacer lugar a la pregunta por el lazo. ¿qué lazo es posible con los demás? pero ahora se hace evidente que la pregunta tiene peso también para el lazo consigo mismo.


En el trabajo de la terapia con el psicólogo o la psicóloga ya sea de manera Online o presencial se trata de poder ir hacia un encuentro posible. Que cada uno pueda empezar a tener alguna relación con lo que le pasa y así poder replantearse las viejas respuestas a esos asuntos y que de esta manera sea posible algún lazo consigo mismo.


¿Qué lazo se arma con los demás sin contar con este lazo consigo mismo? aquí se producen todos los malentendidos que hacen a los conflictos de la mayoría de las personas y que conllevan desencuentro y soledad. Donde se le adjudica al otro la causa de los padecimientos de uno que no pueden reconocerse. Y aquí también se convoca a cierto viejo amor con la ilusión que el otro dará lo que uno necesita, lo que falta, lo que no se sabe de sí. Y donde el otro no esta al alcance de lo que se pretende, no responde adecuadamente, no devuelve de forma justa entonces se lo hace culpable de lo que se padece.


Un psicoanálisis en este punto da lugar a que los malentendidos puedan devenir ocasión para que cada uno pueda tratar eso que le imputa al otro. Que cada uno pueda soportar el tratamiento de sus asuntos y que entonces lo que se arme como relación no parta del puro desconocimiento. La terapia hace lugar a que pueda haber un lazo que se constituya a partir de lo que cada uno pudo apropiarse de sí. Con ese sí mismo el otro puede ya no ser nuestro enemigo. Lo que también plantea que el psicoanálisis es un tratamiento del odio, de lo que siempre se rechazó, de lo que se puso afuera por no poder hacer algo con eso. Este amor que se convoca a paliar todos los males es justamente el que en un solo paso se transforma en odio.


Si se puede llegar a producir un amor que no sea la contracara del odio quizás un lazo sea posible. Un amor que no aspire a llenarse.


La psicóloga o el psicólogo orienta la terapia por la hospitalidad de un amor que da lugar al lazo consigo mismo y con los demás


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