La familia en desorden


¿Por qué en los tiempos que corren suele escucharse con tanta insistencia la queja sobre la supuesta «decadencia de la familia»? En conversaciones cotidianas, en debates públicos y en reuniones de sobremesa, no es raro escuchar lamentos nostálgicos que afirman que la autoridad de antes se ha perdido, que las nuevas generaciones crecen sin límites claros y que las diversas formas de convivencia actuales amenazan con disolver los pilares de la sociedad. Ante las transformaciones de las parejas, los divorcios, las familias ensambladas o la decisión voluntaria de maternar sin pareja, resurge con frecuencia el temor a un caos inminente. Sin embargo, la historia humana demuestra que la institución familiar nunca fue una estructura quieta ni un paraíso armónico.
Para arrojar luz sobre estas inquietudes sin caer en simplificaciones ni pánicos morales, resulta imprescindible adentrarse en La familia en desorden (La famille en désordre), una de las obras más lúcidas y apasionantes de la prestigiosa historiadora y psicoanalista francesa Élisabeth Roudinesco. Nacida en París y reconocida internacionalmente como una de las biógrafas y estudiosas más destacadas de la cultura psicoanalítica contemporánea —autora de obras sobre Sigmund Freud y Jacques Lacan—, Roudinesco despliega una mirada rigurosa pero sumamente accesible. En este ensayo, no busca dictar normas sobre cómo debería funcionar un hogar, sino acompañar al lector en un viaje histórico para entender por qué la familia cambia, resiste y continúa siendo el refugio afectivo más buscado.
El porqué del título: ¿Crisis de valores o un nuevo orden afectivo?
El título del libro, La familia en desorden, condensa una paradoja reveladora de nuestra época. Cuando los sectores más conservadores observan la multiplicidad de parejas contemporáneas —familias monoparentales, uniones igualitarias, segundas nupcias o niños nacidos mediante técnicas de fertilización asistida— suelen diagnosticar un «desorden» peligroso, una pérdida irremediable del rumbo tradicional.
No obstante, la tesis central de Roudinesco demuestra algo muy diferente y sorprendente: lo que verdaderamente descoloca a la sociedad no es que la gente quiera rebelarse contra el modelo de familia, sino que quienes históricamente estuvieron excluidos de ella ahora reclaman con fuerza su derecho a fundarla. Décadas atrás, las luchas de emancipación criticaban a la familia como una institución rígida y asfixiante. Hoy ocurre lo inverso: las personas buscan casarse, adoptar, proteger legalmente sus vínculos y construir proyectos compartidos. Lo que a simple vista parece un desbarajuste caótico es, en realidad, un proceso de reorganización donde los lazos ya no se sostienen por imposición ni por conveniencias económicas, sino por el deseo mutuo y el afecto libremente consentido.
Para quienes se interesan en profundizar cómo estos cambios repercuten en el ámbito de las consultas y la vida cotidiana, en la psicología online en argentina suele constatarse que el malestar actual aparece la dificultad para convivir con los nuevos desafíos de la vida cotidiana.
Del poder absoluto del padre a la búsqueda de la igualdad
Para comprender cómo llegamos hasta aquí, la autora nos propone un recorrido histórico en tres grandes momentos que cualquiera puede reconocer:
La familia tradicional (el mandato y el patrimonio): Durante siglos, la unión familiar no se apoyaba en el enamoramiento. Servía esencialmente para transmitir propiedades, apellidos y alianzas de conveniencia. El padre gobernaba el hogar a imagen y semejanza de un pequeño rey o de un dios doméstico: decidía el destino de los hijos y mantenía a la mujer bajo una tutela estricta. No había lugar para la vida íntima ni para las elecciones individuales.
La familia moderna (el nacimiento del amor romántico): A partir del siglo XVIII, y en especial tras la Revolución Francesa y la expansión de la vida en las ciudades, las cosas comenzaron a cambiar. El matrimonio empezó a fundarse en el cariño y la atracción mutua. La infancia dejó de ser vista como una etapa insignificante y el niño pasó a ser el centro del cuidado y la educación familiar. Sin embargo, la autoridad todavía descansaba de manera casi exclusiva sobre los hombros paternos.
La familia contemporánea (la aventura del compañerismo): A partir de mediados del siglo XX, las leyes y las costumbres dieron un salto fundamental. La patria potestad dejó de ser un privilegio de uno solo para transformarse en una responsabilidad compartida. Al mismo tiempo, la posibilidad de elegir cuándo tener hijos gracias a la anticoncepción y el acceso al divorcio consolidaron una realidad ineludible: los vínculos duran mientras perdura el sentimiento.
Roudinesco examina con enorme agudeza el dilema que este cambio trae aparejado: cuando la convivencia se apoya en los sentimientos, se vuelve mucho más libre, tierna y democrática, pero también más frágil. Ya no hay un mandato externo que obligue a permanecer juntos si el amor se apaga, lo que genera dudas, desencuentros y la necesidad constante de conversar y renegociar las reglas del hogar.
Ni tiranías de antaño ni recetas mágicas
A lo largo del texto, la autora dialoga con la gran tradición cultural que pensó estos laberintos humanos. Explica que las tensiones entre padres e hijos, los silencios familiares o los celos entre hermanos no son inventos modernos ni anomalías que deban asustarnos; han nutrido desde siempre las grandes tragedias griegas, las obras de Shakespeare y las historias de la literatura universal.
En esa línea, el libro recuerda cómo pensadores de la talla de Sigmund Freud o Jacques Lacan aportaron una mirada clave: la figura del padre no necesita ser autoritaria ni castigadora para ser valiosa. Su función saludable es mucho más sencilla y noble: servir de referencia, transmitir un límite protector y ayudar a que los hijos puedan despegarse con confianza para forjar su propio destino en el mundo.
Tal como se trabaja en las lecturas afines a un psicoanalista de Buenos Aires, escuchar los tropiezos vinculares no implica imponer fórmulas ideales de convivencia, sino alojar la particularidad con la que cada persona e historia intenta dar respuesta a sus propios desafíos afectivos.
Una invitación a desarmar los prejuicios
La familia en desorden concluye con un mensaje sereno y profundamente esperanzador. La institución familiar no está en agonía ni en vías de extinguirse; está viva, mutando y adaptándose a las demandas de libertad, respeto e igualdad de nuestra época.
Lejos de añorar una época dorada que nunca existió realmente, la lectura de Élisabeth Roudinesco invita a mirar los hogares de hoy sin miedo ni condena. Nos enseña que, por encima de los formatos formales, lo verdaderamente decisivo es la calidad de la ternura, la palabra y la presencia que se ofrece a quienes amamos para que puedan crecer con seguridad y autonomía.
Redactado por el Equipo de Psicólogos Online Argentina (Especialistas UBA)
Revisado por la Lic. Cecilia Alejandra Brondolo (M.N 28.261) - UBA


