¿Qué quiere decir "hacer" el amor?
- Equipo de Psicólogos Online Argentina

- 8 may
- 6 min de lectura

Una pregunta que el psicoanálisis no esquiva
Hay preguntas que todo el mundo se hace y muy pocos se atreven a formular en voz alta. ¿Por qué el amor, que debería ser fuente de plenitud, con tanta frecuencia duele? ¿Por qué nos enamoramos de personas que no nos convienen? ¿Qué tiene que ver el deseo sexual con la historia personal que cada uno carga desde la infancia? El psicoanalista francés Gérard Pommier, en este libro publicado por Paidós, se lanza a responder esas preguntas con una honestidad poco frecuente y una claridad que no cae en la simplificación.
¿Qué quiere decir "hacer" el amor? Es una exploración seria —y a veces perturbadora— de lo que realmente ocurre cuando dos personas se encuentran eróticamente. Desde una perspectiva psicoanalítica que dialoga con Freud, Lacan y la clínica, Pommier traza un recorrido que va desde las primeras experiencias del cuerpo en la infancia hasta las fantasías más íntimas que gobiernan la vida amorosa adulta. Un libro que los psicólogos online recomiendan porque, como bien saben quienes atienden consultas de terapia online día a día, estas preguntas no son abstractas: aparecen en la clínica.
El amor como destino de la pulsión: una idea que incomoda
Una de las tesis más provocadoras del libro es que el amor no nace de la voluntad ni del sentimiento puro: nace de la pulsión. Pommier recupera esta idea freudiana y la desarrolla con toda su potencia. La pulsión —ese motor interno que empuja al cuerpo a buscar algo más allá del instinto— no se satisface nunca del todo. Y es precisamente esa insatisfacción lo que lanza al sujeto hacia el otro.
El amor, entonces, no es una armonía. Es una colisión. Dos personas que se encuentran no se complementan suavemente: cada una trae consigo su propio mundo pulsional, su historia de pérdidas y su forma singular de alojarse en el mundo y de gozar. Cuando nos enamoramos, explica Pommier, en realidad estamos buscando en el otro la solución a una falta que traemos de mucho antes. No es el otro quien genera esa falta: la falta ya estaba. El otro simplemente la activa y, por un tiempo, parece calmarla.
Esta idea resulta liberadora y desconcertante al mismo tiempo. Explica muchas cosas que en la vida cotidiana parecen irracionales: por qué nos atraen personas que repiten un mismo patrón, por qué, a veces, el amor más intenso suele mezclarse con una forma sutil —o no tan sutil— de violencia, y por qué la pasión tiende a enfriarse cuando el otro se vuelve demasiado accesible. Sobre la tematica del amor les recomendamos un post en nuestro blog: Desacuerdos: entre el enamoramiento y el amor...
Psicología del deseo y sexualidad humana: más variables de lo que parece
Un capítulo central del libro, y uno de los más accesibles para el público general, es aquel en que Pommier desmonta la idea de que la sexualidad humana es simple. La presenta, en cambio, como el resultado de al menos seis variables que se combinan de maneras siempre singulares: el sexo anatómico, el género psíquico, la elección de objeto, el objetivo sexual, el deseo y el orgasmo. Ninguna de estas variables depende directamente de la otra.
Lo que esto significa en términos prácticos es que no existe una "sexualidad normal" que sirva de modelo universal. La sexualidad de cada persona es el resultado de una historia única, de cruces entre la biología, la crianza, los vínculos tempranos y las fantasías que fueron tomando forma desde la infancia. En este punto, la visión de Pommier coincide con lo que observamos en la consulta: no hay dos pacientes iguales, y cada síntoma sexual —la inhibición, la compulsión, el dolor, la indiferencia— tiene una lógica que solo puede entenderse en la singularidad de cada sujeto.
Pommier también desarrolla con coraje la idea de la bisexualidad psíquica, heredada de Freud: todos los seres humanos tienen, en su interior, una tensión entre una tendencia masculina y una femenina, independientemente de su anatomía. Esta tensión interna no es una patología. Es la condición misma del deseo.
El Complejo de Edipo: ni cuento de hadas ni condena perpetua
Capítulo a capítulo, el libro fue ganando profundidad y complejidad. Cuando llega al Complejo de Edipo —uno de los conceptos más malentendidos del psicoanálisis—, Pommier lo aborda con una distinción que resulta muy útil: la versión "rosa" y la versión "negra".
La versión rosa es la que todos conocemos: el niño ama al padre del sexo opuesto y rivaliza con el del mismo sexo. Es el desenlace que la cultura repite como si fuera el único destino posible. La versión negra, en cambio, incluye el deseo de muerte, la seducción como motor paradójico de la excitación, y la culpa como combustible de la vida erótica adulta. Esta lectura oscura no busca escandalizar: busca dar cuenta de algo que efectivamente aparece en la clínica, en los sueños, en las fantasías, en los síntomas que los pacientes traen a la consulta.
Lo más valioso de este capítulo es que Pommier no convierte al Complejo de Edipo en una condena. Muestra, en cambio, cómo cada persona atraviesa esa estructuración de modos diferentes y cómo esas diferencias explican buena parte de la vida amorosa y sexual adulta. No es un destino fijo: es una historia que se puede revisitar y, en cierta medida, resignificar. Algo que el tratamiento psicoanalítico puede acompañar.
Las fantasías que organizan el deseo: ¿de dónde viene la potencia del amor?
Uno de los aportes más originales del libro es la articulación entre fantasma, deseo y amor. Para Pommier, el deseo no nace después del Edipo: lo precede. El deseo ya estaba antes, instalado desde las primeras experiencias de falta y de presencia del cuerpo materno. El Edipo no crea el deseo; lo organiza, lo canaliza, le da una forma.
Esta idea tiene consecuencias clínicas importantes. Cuando alguien consulta porque "no siente nada" en sus relaciones, o porque el deseo desaparece apenas conquista a alguien, o porque solo se excita con situaciones que le generan vergüenza, no está viviendo una anomalía: está viviendo la lógica de su propia fantasmática. El tratamiento no apunta a eliminar esas fantasías, sino a que el sujeto pueda relacionarse con ellas de otra manera, sin que lo gobiernen de modo automático.
Pommier también dedica un largo y fascinante capítulo a la pregunta por el origen de la potencia del deseo: ¿por qué queremos lo que queremos? La respuesta no es simple ni tranquilizadora, pero sí es honesta: el deseo se alimenta de la falta, de la distancia, de la prohibición interiorizada. El amor más ardiente no es necesariamente el más tranquilo. Es el que mantiene viva una tensión entre el deseo de fusión y la irreductible alteridad del otro.
El amor, la neurosis y el psicoanálisis: lo que el tratamiento puede hacer
En los capítulos finales, el libro se adentra en territorio más clínico. Pommier analiza las "perversidades neuróticas" —no como patologías en el sentido psiquiátrico del término, sino como los modos particulares en que la represión deja sus huellas en la vida erótica—. Muestra cómo la inhibición, la compulsión y ciertas formas de sufrimiento amoroso responden a una lógica que no es arbitraria: tiene raíces en la historia de cada uno.
Lo que hace el psicoanálisis online no es ofrecer una solución ni un modelo de "sexualidad sana" al que ajustarse. Es, más bien, abrir un espacio para que el sujeto pueda escuchar lo que su propio deseo tiene para decir. Sin recetar ni corregir. Dejando que emerja aquello que estaba callado.
Eso es, en el fondo, lo que Pommier propone con este libro: no una respuesta, sino la posibilidad de hacerse mejores preguntas.
Lo que el tratamiento aloja
¿Qué quiere decir "hacer" el amor? no es una lectura fácil en el sentido de rápida o superficial. Pero tampoco es inaccesible. Pommier escribe con precisión y sin condescendencia. No necesita el lector haber leído a Freud o a Lacan para seguirlo: el libro va construyendo sus propias referencias a medida que avanza.
Lo que sí requiere es disposición a que ciertas ideas resulten incómodas. Porque algunas lo son. La idea de que el deseo nace de una falta que no tiene reparación definitiva, de que la pasión y el sufrimiento comparten un mismo origen: todo eso puede incomodar a quien espera encontrar en la psicología una promesa de armonía.
Pero esa incomodidad es, justamente, lo que hace del psicoanálisis un pensamiento vivo. Y lo que hace de este libro una lectura que vale la pena.
La pregunta que queda abierta
Hay algo que Pommier no dice de manera explícita pero que late en cada página del libro: que la pregunta por el amor es, en el fondo, una pregunta por el sujeto mismo. ¿Qué soy cuando deseo? ¿Qué me dice de mí la persona de la que me enamoro? ¿Qué me revela el modo en que amo y en que sufro?
Estas preguntas no tienen respuesta universal. Tienen respuestas singulares, únicas para cada uno, que solo pueden desplegarse en la experiencia de un tratamiento o en el tiempo de una reflexión profunda y honesta. El libro de Pommier no cierra esas preguntas: las abre con generosidad y rigor. Y eso, en un mundo saturado de recetas y fórmulas, no es poca cosa.
Redactado por el Equipo de Psicólogos Online Argentina (Especialistas UBA)
Revisado por la Lic. Cecilia Alejandra Brondolo (M.N 28.261) - UBA


