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Silet

Foto del escritor: Equipo de Psicólogos Online Argentina
Equipo de Psicólogos Online Argentina
hace 1 día
6 min de lectura

 Portada del libro Silet, perteneciente al curso de Jacques-Alain Miller dentro de la serie La orientación lacaniana publicada por Editorial Paidós,

Presentamos el nuevo libro de Jacques-Alain Miller titulado  Silet y el mismo nos hace preguntarnos: ¿Por qué en una sociedad hiperconectada que exige opinar de todo, mostrarse siempre resuelto y llenar cada hueco con ruido constante, muchas veces sentimos que lo más auténtico de nuestras vidas queda atrapado en un silencio que ninguna frase logra atrapar? Vivimos bajo el mandato cultural de que todo conflicto anímico puede solucionarse hablando más, pidiendo consejos exprés o aplicando recetas prediseñadas. Sin embargo, en la experiencia íntima de cualquier ocurre a menudo lo inverso: frente a un dolor inesperado, un amor que nos desborda o esos hábitos repetitivos que nos hacen daño pero no logramos soltar, el lenguaje cotidiano tropieza. Las palabras quedan cortas, dicen otra cosa o se pierden en rodeos.



El silencio que dice lo que las palabras callan


En ese umbral exacto donde el decir vacila y el silencio cobra una fuerza reveladora se sumerge Silet, obra dictada en su seminario de París durante el ciclo 1994-1995 y publicada recientemente en español por Editorial Paidós dentro de la colección de cursos de La orientación lacaniana. Su autor, Jacques-Alain Miller, es un pensador imprescindible de nuestro tiempo. Reconocido mundialmente por haber asumido la titánica labor de establecer, editar y transmitir la obra de Jacques Lacan, Miller es fundador de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y director del Instituto del Campo Freudiano. Su magisterio destaca por un rasgo inusual: no se refugia en la aridez de las jergas académicas, sino que despliega una agudeza pedagógica deslumbrante, cargada de humor, sinceridad, anécdotas cotidianas e ironía clínica. Miller es un docente que no teme mostrar las dudas, los callejones sin salida y los rodeos del pensamiento vivo cuando se enfrenta con la verdad de la experiencia.



El silencio activo que habita en nosotros


El título del libro encierra un hallazgo vital fascinante. Miller cuenta que encontrar el nombre para este curso no fue sencillo; en un principio pensó en titularlo con humor "Soliloquios en zigzag", reconociendo que sus clases semanales avanzaban tanteando el terreno y dando rodeos alrededor de un mismo enigma. Finalmente optó por una sola palabra latina: Silet.


Silet es la tercera persona del presente del verbo latino silere. En latín antiguo existía una sutil diferencia entre dos modos de callar: tacere, que suele traducirse como "hacer callar" o quedarse en silencio porque alguien nos silencia desde afuera, y silere, que nombra un guardar silencio activo, un permanecer en silencio por decisión serena y presente. Además, la lengua latina tiene la particularidad de que no exige poner un pronombre obligado (yo, él o ella) delante del verbo. Queda entonces flotando una pregunta abierta y conmovedora: ¿quién o qué es lo que guarda silencio?


Miller responde que en el fondo de cada uno conviven dos silencios fundamentales:

  1. El silencio de la escucha atenta: La actitud de quien se abstiene de dar consejos apresurados o de imponer sus propias opiniones para permitir que el otro encuentre sus propias palabras.

  2. El silencio de nuestros impulsos más hondos: Aquella zona de nuestras vivencias, pasiones y marcas tempranas que no tiene palabras hechas y que jamás se dejará domesticar del todo por los discursos.


Para quienes buscan comprender cómo estos silencios moldean nuestros lazos y nuestras elecciones diarias, desde nuestro espacio en terapia online argentina sostenemos que aprender a escuchar las pausas de la propia historia es el inicio para dejar de pelear a ciegas contra lo que no encaja y abrir una vía más tratable.



La constelación de los cursos: Entre el enigma del lazo y las trampas del sentido


La edición de Silet dialoga de manera íntima con la serie de cursos de Jacques-Alain Miller que hemos presentado previamente en nuestro sitio. Quienes recorrieron El partenaire-síntoma recordarán cómo el autor desmontaba los espejismos del enamoramiento para mostrar que cada quien se enlaza a su pareja a través de sus propias fallas y fijaciones singulares. Del mismo modo, en Donc. La lógica de la cura y en La experiencia de lo real en la cura analítica se examinaba con precisión cómo el trabajo terapéutico no consiste en acumular teorías, sino en seguir con rigor el hilo de los tropiezos que hacen tambalear nuestras certezas. Y obras como El Otro que no existe y sus comités de ética y Los divinos detalles enseñaban que, en una época donde las grandes instituciones se derrumban, son los detalles mínimos, cotidianos e inadvertidos de la vida los que verdaderamente orientan el destino de los afectos.


En Silet, Miller retoma ese hilo conductor pero lo empuja a una pregunta más radical: ¿hasta qué punto la palabra tiene el poder de modificar nuestras satisfacciones más arraigadas, esas que nos hacen padecer pero de las que secretamente no podemos prescindir?



Cuando las palabras tropiezan frente a la satisfacción


A lo largo de las clases de Silet, Miller va desarmando con maestría varios dilemas cotidianos que tocan de cerca a cualquier lector:


  • La paradoja de quien sufre pero se aferra a su malestar: Todos conocemos a alguien (o nos reconocemos a nosotros mismos) que se queja amargamente de una pareja, de un empleo asfixiante o de una timidez que le cierra puertas, y sin embargo, cuando se le abre una salida evidente, vuelve a tropezar con la misma piedra. Miller recuerda una observación punzante de Lacan: muchas personas afirman no estar conformes con cómo viven, pero su manera de actuar demuestra que en ese estado encuentran una satisfacción inadvertida. Hay una ganancia secreta en quedarse en la queja o en la postergación: brinda un terreno conocido y evita asumir el riesgo de elegir.

  • El cartel de la boca cerrada y el misterio del "más-de-sentido": Con su habitual erudición amena, Miller comenta una jornada sobre el poder de la palabra cuyo afiche promocional era sencillamente una boca cerrada. ¿Por qué ilustrar el hablar con el silencio? Porque el verdadero peso de lo que decimos no radica en el sentido literal de diccionario ni en las frases hechas, sino en las resonancias que despiertan en quien escucha. Hay algo que vibra entre líneas y que solo cobra sentido según el momento y la complicidad del vínculo.

  • El restaurante chino, el menú y el hambre desorientada: En uno de los tramos más divertidos y lúcidos del libro, Miller recurre a una escena en un restaurante tradicional. Supongamos que entramos a un restaurante cuyo menú está escrito enteramente en un idioma que desconocemos. Tenemos apetito, pero no sabemos qué pedir ni qué nos van a traer. Necesitamos que alguien —el mozo o la encargada del lugar— nos traduzca los platos y nos oriente. De forma análoga, en la vida cotidiana las personas solemos no saber con exactitud qué deseamos verdaderamente; pedimos prestadas las opiniones familiares, los mandatos del entorno o las expectativas sociales para ver si allí encontramos una brújula que calme nuestro desconcierto.

  • El banquete de mariscos en Barcelona y el valor de hablar: Para redoblar la apuesta, Miller relata una experiencia personal en una marisquería de Barcelona donde los mozos, sin mediar palabra ni presentar menú, servían un plato tras otro a velocidad vertiginosa: langostinos, calamares, pescados. Aunque la comida era abundante y los comensales estaban saciados físicamente, la ausencia de palabras y la falta de un menú generaban una extraña sensación de incomodidad e insatisfacción. Con esta vivencia cotidiana, el autor demuestra que los seres hablantes no comemos solo para llenar el estómago: necesitamos nombrar las cosas, desearlas a través del lenguaje y compartirlas en una conversación.

  • El pequeño ruido que acompaña la escucha: Con gracia sociológica, el libro revisa estudios sobre cómo dialogamos hombres y mujeres, deteniéndose en esos ruiditos mínimos que hacemos al escuchar al otro (el clásico "mmmh", el asentimiento con la cabeza). Esos sonidos casi invisibles no buscan interrumpir ni adoctrinar; son la prueba viva y silenciosa de que estamos ahí presentes, prestando atención y haciendo un lugar para que el otro pueda continuar su propio relato.



Inventar un destino propio más allá de los manuales


Hacia el tramo final de las clases, Miller comparte una confidencia inolvidable sobre Jacques Lacan. En los años setenta, al preparar un gran congreso, la institución se debatía entre dos títulos: hablar de la transmisión de los conocimientos o hablar de la tradición. Lacan escuchó los debates solemnes y los sorprendió a todos con una salida deslumbrante: los invitó a desconfiar tanto de los ritos congelados como de los dogmas cerrados, recordando que a cada sujeto le toca, a su manera, reinventar las herramientas con las que afronta la existencia.


Para quienes se interrogan sobre el alcance terapéutico de estas reflexiones y desean explorar un espacio donde la propia palabra encuentre su valor sin ser encasillada en diagnósticos impersonales, el abordaje riguroso y humano de un psicoanalista en linea permite alojar los enigmas del malestar y dar lugar a una invención singular frente a las encrucijadas de la vida.


Silet es, en definitiva, una obra apasionante y reveladora. Nos demuestra que el silencio no es un vacío temible ni una renuncia pasiva, sino el espacio imprescindible donde madura la honestidad de un decir verdadero. En tiempos apurados, reconciliarse con las propias pausas y aceptar que no todo puede calcularse es, quizás, la forma más libre y sensata de abrir la puerta a un deseo genuino.




Redactado por el Equipo de Psicólogos Online Argentina (Especialistas UBA)




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